Golpe de viento
¿Que sucedería si el mar no llegase a
la playa
y en lugar de avanzar retrocediera
o si a los árboles solo llegase el
otoño
y no la primavera y por tanto el tiempo
de florecer,
cuando la pulpa llena lo vacío y la
dulzura se antepone a la nada?
¿Qué sucedería si, de pronto, en un
golpe de viento,
se cerraran todas las ventanas
o si la lluvia dejara de llegar
o si el río que se aleja de las
montañas se detuviese al menos un instante
o si el alba se convertiese en una
memoria de otros días
o si el canto del pájaro se
extinguiese y el pájaro mismo dejara de venir
y el cielo se convirtiera en una tumba
interminable,
qué sucedería si todo aquello que
damos por sentado cesara
y la cigarra y el sonido de la cigarra
no viniera ni en marzo ni en abril
y todo lo conocido se volviera
desconocido?
Nada nos pertenece.
¿Quién podría decir: lo he tomado en
mi mano,
he tomado al viento del norte en mi
mano y permanece aquí?
El juego
Sucedió al final de la tarde, era
invierno, el arroyo
era un cuerpo cuyas manos a nada podían
aferrarse:
quería detenerse pero el limo era
demasiado liso y resbalaba.
Se iba sin decirnos adiós, mirando
hacia atrás con ojos afligidos.
Nosotros estábamos subidos en un
árbol,
escondidos como un par de lechuzas
demasiado jóvenes,
entonces la vimos aparecer sin saber
bien de dónde venía
y por un instante creímos que había
emergido de las aguas.
Era tan blanca que lo que la cubría
podía ser agua y no piel,
o, podíamos, incluso, estar mirando
solo su alma.
Corrió chapoteando por el arroyo, sus
muslos eran peces,
salmones de plata que saltaban contra
la corriente:
se dirigían en dirección al viento.
Su cabello,
una vela inflamada. Su cuerpo, un navío
de hielo.
Quisimos que nos viera pero ella no
volvió ni pudimos llamarla:
la belleza se había vuelto una mano
sobre nuestras bocas.
Unos segundos después vimos a las tres
sombras
que eran aquellos tres hombres que
corrían tras ella...
y la noche cayó de nuestro ojos.
Ojos cerrados
A ti también, ingenua, a también te
he visto
y tu rostro no era sino el rostro del
miedo, y tus ojos, ah
tus ojos
me veían como si estuvieras viendo una
tempestad,
como si, parada en la lejanía de un
valle, vieras venir hacia ti,
hacia tu cuerpo delgado como un goteo
continuo de miel tibia,
una estampida de búfalos sometidos
acaso por un miedo más hondo,
y vi tus labios trémulos a causa de
palabras no dichas,
y mis labios, trémulos también, a
causa de aquello que no he de decir nunca,
te he visto, ingenua, a ti también te
he visto
y me miraste como mira el vidente la
imagen terrible
y no dijiste nada de los que debías
decir
y te alejaste como se aleja todo
aquello que de migrar al sur en invierno
y el invierno era yo
* Poemes de Jorge Galán * * Collages de Sara Huete *
Jorge Galán.La plegaria infinita.
Ilustraciones de Sara Huete.
Madrid: Estampa Ediciones, 2013.
(Biblioteca Americana; El Salvador).
ISBN: 978-84-930139-8-1.
Del nord m'arriba a les
meves mans aquest llibre preciós, regal de l'autora dels collages, i
em sento un privilegiat. La poesia de Jorge Galán ha estat tot un
descobriment per a mi, que no llegeixo poesia habitualment, que ho
hauria de fer més sovint perquè ha estat un plaer deixar-se portar per
les imatges potents i evocadores de Galán, tant com les de la visió
que en ha tret Sara Huete per aquesta edició il·lustrada, un luxe.
Després de deixar-me portar, he buscat sobre Galán, i ara sé
que és un poeta que admira la generació del 27, especialment a
Vicente Aleixandre, també a Federico García Lorca, l'avantguarda.
Però fa el seu camí propi, un monòleg interior on hi conviuen els
paisatges de la memòria personal, lligats sovint amb força als d'El Salvador, un país de natura exuberant, però marcat per la
tristesa d' una passada llarga guerra civil o per un índex alt de
violència, encara avui.
Infinites gràcies a Sara
Huete.
[Foto: Estampa
Ediciones]
























