dilluns, 4 d’agost de 2014

Richard Hamilton (II): Hamilton i Bacon


Richard Hamilton per Francis Bacon
Polaroid
14/07/1969

En su estudio, Roy Lichtenstein me enseñó su nueva cámara Polaroid y me hizo una fotografía. Me regaló la foto. Después, por casualidad, otra persona hizo lo mismo: en Canadá, un hombre llamado Iain Baxter, un artista que me gusta mucho. Así que cuando regresé a Londres, me compré una Polaroid. Se la ofrecía a mis amigos artistas y les decía: “Sacadme una foto”. Y hasta ahora he conseguido reunir unas veinticinco, más o menos, realizadas por artistas tan distinguidos como Claes Oldenburg, Jasper Johns… Todas me parecen interesantes. Quería demostrar que la cámara no es importante, pero creo que esta tesis ha sido refutada, pues cada fotografía se identifica profundamente, en cierto sentido, con cada uno de sus autores.”*




Richard Hamilton 
per Roy Lichtenstein (1968), Man Ray (1971), Andy Warhol (1969) y David Hockney (1970).
Polaroids 1969-2000


Així explicava el començament de la seva sèrie de polaroids. La primera foto de Lichtenstein és de l'any 1968, i durant els trenta anys següents, Hamilton va continuar passejant la càmera, fins a reunir un total de 128 retrats. D'entre tots, el que li va causar més impacte, va ser el fet per Francis Bacon:

Cuando le entregué la cámara, parecía que no hubiera sostenido nunca antes una en sus manos. ¡Ni si quiera sabía dónde apuntar! De modo que sacó una fotografía, y como, por supuesto, la cámara es completamente automática, no es necesario tomar ninguna decisión sobre el modo de exposición: lo hace todo por ti. Lo único que hay que hacer es apuntar y apretar el botón. Pero como las condiciones eran bastante malas (había muy poca luz, la exposición fue demasiado prolongada y, por tanto, me moví, y Francis Bacon agitó cámara), obtuvimos una fotografía más bien borrosa. “No está bien”, dijo Bacon, “No es una imagen clara”. Así que tuvimos que probar de nuevo. Y lo volvimos a intentar media docena de veces más hasta que sacó una fotografía que le gustaba y que pensaba que estaba bien desde el punto de vista técnico. Le pregunté si podía utilizar las demás como quisiera y él  me dio su consentimiento, “sí, por supuesto, son tuyas.”*

A partir d'aquelles fotos descartades, Hamilton faria després una nova sèrie d'autoretrats, inspirats, tractant de reproduir les taques i esquitxades típiques, en les pintures de Francis Bacon:

Después de realizar dos o tres estudios, invité a cenar a Francis Bacon. Cenamos y le enseñé mi trabajo. “Esta mancha no está bien”, dijo. “Yo pinto de un modo peculiar...” (…) “Cojo un trozo de de tela, una media o un trozo de jersey, lo sumerjo en la pintura y lo coloco sobre el lienzo”. Así fue como aprendí a pintar las manchas de Francis Bacon”. Y poco a poco, llegué a un punto en el que creé algo que me parecía que era de Francis Bacon, sin dejar de ser mío.”*


Richard Hamilton

Self-portrait
1990



Hamilton va continuar ensenyant a Bacon noves variacions d'aquelles obres, i Bacon va ser diplomàtic i educat, però no li van agradar, ni va sentir massa interès pel resultat final d'aquella sèrie. De fet, recorro a la biografia escrita per Andrew Sinclair, Bacon era col·lega de Hamilton i l'apreciava, però mai va sentir interès per l'Art Pop:

En la célebre definición del Pop Art que enunciara en 1957, Hamilton estipuló todos aquellos elementos que Bacon evitaba en su arte como otras plagas:


Popular (pensado para un público de masas)
Transitorio (solución a corto plazo)
Prescindible (fácil de olvidar)
De bajo coste
Producido en masa
Joven (dirigido a la juventud)
Ingenioso
Sexy
Espectacular
Elegante
Buen negocio

Mientras que Bacon buscaba un Arte de la Verdad visceral, Hamilton definía el Pop Art en términos crudos y comerciales, como si la condición de las personas pudiera definirse no tanto a través de su dolor como a través de su codicia. Bacon traducía el deseo humano a términos sexuales. Sus sofás y sus camas son los campos de batalla de sus atormentados amigos y amantes (…) Sin embargo, nunca parodió el mal gusto de su época como hiciera Hamilton. Buscaba, simple y llanamente, sus entrañas. Bacon era un cirujano, no un escéptico. Desde una perspectiva superior, perseguía las vísceras, mientras que Hamilton se mostraba cerebral. Desde una perspectiva inferior, miraba con los ojos de un carnicero del mismo modo que Hamilton lo hacía con los de un consumidor. Sus respectivos mensajes representaban la separación entre el mercado y la caja registradora y, al final, Hamilton llegó a servirse de imágenes al gusto del gran público no para burlarse de éste, sino para decir: “Compren también mis cuadros”. Como dijo Michael Wishart a Bacon: “El Pop es a la pintura lo que el chicle es a la gastronomía. Personalmente, prefiero alimentarme”. A Bacon le gustó la frase. Por más que pudiera admirar la técnica de Hamilton, no era capaz de digerir sus contenidos.”**

Hamilton, però, amb el temps, va passar del xiclet a la gastronomia d'avantguarda... I no només per la seva relació amb el restaurant El Bulli (com a client que era, també va co-escriure un llibre sobre la cuina i la creativitat de Ferran Adrià, i una de les polaroids de la sèrie li va fer el mateix Ferran Adrià...) si no per l'evolució, avui del tot alimentícia, dels seus continguts.


*Richard Hamilton 1971- “Metamorfose van het object” Introducción de Mark Godfrey; notas de Fanny Singer. Richard Hamilton. Madrid: MNCARS, 2014. ISBN 9788480264846, p. 202-203.

** Sinclair, Andrew. Francis Bacon. Traducción de Gian Castelli Gair. Madrid: Circe, 1995. ISBN: 8477650993, p. 182-183.

+ Richard Hamilton al MNCARS, Madrid, fins al 13 d'octubre de 2104.
[Fotos: Phaidon i TateModern]

2 comentaris:

Enric H. March ha dit...

No sempre es té la possibilitat de seguir la descripció dels processos tècnics i artístics de l'obra d'art. En aquest cas el procés és també l'obra.

Toronto ha dit...

Hola Enric,
Sí, i sovint els artistes diuen que el procés per a ells és el millor, ho és tot, mai posarien fi.