diumenge, 26 d’octubre de 2014

Nunca olvidaré, aquella taza de café!


 * 1984-2014 * 30 ANIVERSARI *

¿Qué he hecho yo para merecer esto? 
 Pedro Almodóvar
1984

[Cartell d'Iván Zulueta]


A principis de vuitanta, els meus pares ja em deixaven agafar sol la sarfa per anar al cine a Figueres. Encara existien els cinemes Juncària, Las Vegas i el Savoy, i en aquest últim (últim també en tancar) crec recordar que va ser a on hi vaig veure ¿Qué he hecho para merecer esto?. No controlaven gaire si eres o no menor d'edat. També hi havia vist, un any abans, Entre tinieblas. L'impacte va ser fort, quasi com un cop de kendo amb un os de pernil al mig del front. Un altre tipus de cine diferent a tot el que fins aleshores havia vist. Els dilluns a l'escola, pel passadís o al menjador, les comentava amb el Sr. Angel, el professor de llatí i literatura espanyola, que sempre deia, amb un perfecte castellà de Salamanca: más de lo mismo, tragicomedias con mucha telenovela, algo de cine negro, me gusta cuando pone boleros en las bandas sonoras! Però en aquells temps, com molts afeccionats al cinema, de qui més em refiava era del gran cronista del Fotogramas i La Vanguardia, José Luís Guarner:

Pedro Almodóvar, nuestro más temible – y afortunadamente solitario – cineasta “pop”, se ha hecho un sitio en el cine español con películas que, en realidad, no eran películas, sino tebeos “underground”. Su tercer largo, “Entre tinieblas”, significó, al fin, un intento por hacer cine de una experiencia más bien descabellada – y en parte conseguida gracias a una buena dosis de eso que damos en llamar “magia” - de cruzar los más diversos géneros cinematográficos como si fueran plantas exóticas.


“¿Qué he hecho yo para merecer esto?"- que también pudo titularse “Al fin sola”- , parece el primer ensayo deliberado de Almodóvar de someterse voluntariamente a la disciplina y las convenciones de una narración cinematográfica clásica. Y debe decirse en su honor que eso no significaba para él precisamente el refugio en un terreno seguro y confortable, sino una incursión arriesgada en territorios inexplorados; una auténtica aventura, vamos. En su honor debe añadirse que , en términos generales, ha salido vencedor del empeño. Su experimento, por otra parte, se halla en relación directa con la naturaleza misma del tema – el calvario de una ama de casa de nuestro actual infierno urbano – mucho más asequible a un público mayoritario que, por ejemplo, las fantasías erótico-religiosas de “Entre tinieblas”.
El propósito de su cuento aparece perfectamente claro: documentar que no hay placeres más sanos que los del hogar. La heroína – en el sentido más literal del término – es una ama de casa confinada en un piso de 40 metros cuadrados, en el madrileño y espantoso barrio de la Concepción, que toma anfetaminas para trabajar 18 horas diarias haciendo limpieza y para aguantar/sostener a su familia: un marido taxista de exigencias toscas y brutales, una abuela adicta a las bebidas efervescentes, un hijo de 14 años que trafica con heroína – para ahorrar y volver al campo– y otro de 12 que suele acostarse con los padres de sus amiguitos, y un lagarto que hace las veces de perrito pequinés. En suma, lleva una vida insoportable, y un día llega la explosión, propiciada por sus dotes naturales para el kendo.


En su odisea se entromete una intriga secundaria – la maniobra de un escritor (interpretado por otro escritor, Gonzalo Suárez), para fabricar unas falsas memorias de Hitler explotando las dotes grafológicas del taxista y su romance de antaño con una cantante alemana – que proporciona a esta película un toque cosmopolita y dos escenas en Berlín, pero resta fuerza e interés a la trama principal. Mucho mejor que este guiño a Zarah Leander y al Tercer reich, por fortuna, funcionan otros guiños a “La pierna de cordero”, el mejor telefilme de Alfred Hitchcock – cuyo “gimmick” juega aquí un papel crucial – y a “Carrie”, perfectas notas de locura al pie de este delirio de cemento, ladrillo y (quizá los más horribles vistos en una película) papeles pintados.
Tales elementos absurdistas subrayan paradójicamente la realidad a ultranza del ambiente y de los personajes, reales como la vida misma, dibujados con trazos firmes e intencionados y magníficamente interpretados, con una espléndida Carmen Maura. Aunque sería injusto silenciar la acabada composición de Verónica Forqué como una prostituta con el corazón de oro, y cuatro ultrajantes, pero divertidísimos “cameos” de Javier Gurruchaga, inefable dentista mariquita; Jaime Cahávarri, inenarrable exhibicionista; Cecilia Roth, consumidora y víctima en un “spot” de café; y el propio Almodóvar interpretando, en “play-back”, la casi inevitable “La bien pagá”, tonada tan tierna y cruel como esta película."*


* José Luís Guarner. Pantalla abierta: “¿Qué he hecho yo para merecer esto? 
La Vanguardia, diumenge 29 d'octubre de 1984, p. 33.


[Fotos: www.worldscreen.com]

[TorontoTV: ¿Qué he hecho yo para merecer esto?: La bien pagá]

2 comentaris:

Enric H. March ha dit...

Realisme pop, en diria jo. Una maruja posada a fer de filòsof. Reflexions amb bata de buatiné. Per tant, la realitat des de dins sense teories, de manera crua; amb la hipèrbole com a recurs estilístic.

Toronto ha dit...

Totalment d'acord, Enric! I encara que de vegades a alguns els pugui semblar difícil o inverosímil, Almodóvar és molt molt realista, d'on si no surten tantes frases mítiques!