dimarts, 5 de febrer de 2013

Milana bonita, milana preciosa...


"y, repentinamente, ante el asombro del señorito Iván, una grajeta se desgajó del enorme bando y picó en vertical, sobre ellos, en vuelo tan vertiginoso y tentador, que el señorito Iván, se armó, aculató la escopeta y la tomó los puntos, de arriba abajo como era lo procedente, y el Azarías al verlo, se le deformó la sonrisa, se le crispó el rostro, el pánico asomó a sus ojos y voceó fuera de sí, ¡no tire, señorito, es la milana!
pero el señorito Iván notaba en la mejilla derecha la dura caricia de la culata, y notaba, aguijoneándole, la represión de la mañana y notaba, asimismo estimulándole, la dificultad del tiro de arriba abajo, en vertical y, aunque oyó claramente la voz implorante del Azarías, ¡señorito, por sus muertos, no tire!
no pudo reportarse, cubrió al pájaro con el punto de mira, lo adelantó y oprimió el gatillo y simultáneamente a la detonación, la grajilla dejó en el aire una estela de plumas negras y azules, encogió las patas sobre si misma, dobló la cabeza, se hizo un gurruño, y se desplomó, dando volteretas, y, antes de llegar al suelo, ya corría el Azarías ladera abajo, los ojos desorbitados, regateando entre las jaras y la montera, la jaula de los palomos ciegos bamboleándose ruidosamente en su costado, chillando, ¡es la milana, me ha matado a la milana!
y el señorito Iván tras él, a largas zancadas, la escopeta abierta, humeante, reía, será imbécil, el pobre, como para sí y, luego elevando el tono de voz, ¡no te preocupes, Azarías, yo te regalaré otra! pero el Azarias, sentado orilla una jara, en el rodapié, sostenía el pájaro agonizante entre sus chatas manos, la sangre caliente y espesa escurriéndole entre los dedos, sintiendo, al fondo de aquel cuerpecillo roto, los postreros, espaciados, latidos de su corazón, e, inclinado sobre él, sollozaba mansamente, milana bonita, milana bonita, y, el señorito Iván, a su lado, debes disculparme, Azarías, no acerté a reportarme ¡te lo juro!, estaba quemado con la abstinencia de esta mañana, compréndelo, mas el Azarías no le escuchaba, estrechó aún más el cuenco de sus manos sobre la grajera agonizante, como si intentara retener su calor, y alzó hacia el señorito Iván una mirada vacía ¡se ha muerto! ¡la milana se ha muerto, señorito!"

Miguel Delibes. Los santos inocentes, 1981.

Molts de vosaltres ja sabreu què li va fer Azarías al señorito Iván per haver-se carregat a la milana bonita. Del lament d'Azarias per la pèrdua de la milana, Guadalupe Plata n'han fet, treinta anys després de la novel·la de Delibes i de la pel·lícula de Mario Camus, un blues que també posa els pèls de punta: Milana.

GUADALUPE PLATA
Guadalupe Plata
(Everlasting Records / Popstock! 2013)

+ Escolta el disc sencer, autèntic blues amb denominació d'origen d'Úbeda, Jaén, al bandcamp de Guadalupe plata

[Dibuix: NatureGate]

[TorontoTV: Mario Camus: Los santos inocentes, 1984]

4 comentaris:

Enric H. March ha dit...

Molt bo! I què interesant agafar com a referència una novel·la que, en certa manera, ja és un blues.

Toronto ha dit...

Hola Enric,
El blues dels esclaus d'una Espanya negra, negríssima, on Azarías, que és el més curt, esdevé l'heroi!
A la lletra ("No sabía que la mataba/hasta que vi la que la enterraba") em sembla que hi ha cert sentit de l'humor, com de broma privada al veure la pel·lícula... no ho sé, em sembla a mi, potser m'equivoco.

Jordi ha dit...

Molt bo!! M'agrada molt, això que dieu que la novel·la és un blues.

Toronto ha dit...

Doncs avui, Jordi, ho he explicat a un amic i ha entés que deia un bluf enlloc d'un blues! Jajaja!